lunes, 20 de enero de 2014

ESCRIBIR DE CINE: UN BREVE ESCRITO SOBRE NUESTROS PRINCIPIOS



Quizás hoy en día escribir de cine parezca algo obsoleto y obstinado. Una actividad algo caprichosa que pareciera ir dirigida… a nadie. ¿Cuántos de ustedes han leído una entrada completa en este blog?... ¿O en algún otro blog de cine?

Quizás hoy en día hacer “crítica” de cualquier cosa sea llenarse de caca para luego llenarse moscas. Es que sí, el campo -al menos en este lugar del mapa- está algo lleno de pedantería y estructuralismo. Una zona donde las películas son reducidas con mucha facilidad a una insípida nota. Hay que reivindicar la labor del crítico aunque algunos griten desde su cómoda trinchera irónica: “¡los tontos graves!”.

No queremos estancarnos en el simple comentario o reseña de cine, ni tampoco dar juicios valóricos que replican una y otra vez el modelo dominante. No queremos caer en el relativismo de decir: “es que en gustos no hay nada escrito”; Hay que hacer crítica porque el pensamiento crítico ES necesario.

Creemos en la difusión de una cultura cinematográfica. Una que está dialogando con su contexto, y no precisamente por eso, deba llevarse la etiqueta sesgada de estar “politizada”.

Entonces, escribir de cine ahora no sólo parece una actividad caprichosa como al principio, sino también una actividad injusta. En ese preciso momento es cuando nace la imagen de Baltasar, el personaje que hace 48 años atrás fue creado por Bresson. Un burro -¡qué animal más menospreciado que el burro!... (las ratas tal vez)- que comenzó su vida dichoso como las películas de Spielberg, pero que al pasar el tiempo fue perdiendo la fantasía. Es lo que te tocó vivir Baltasar, parece decir el título del film. Injusticia azarosa.

Con nuestra palabra queremos darle su redención, y de pasada, molestar un poco más que el resto.

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